Recuerdo del después,
El primer grito
Tan sólo ayer y melodioso
Cuando huyes vano cielo
Cerca de nuestro fin
Nunca paraíso,
Nunca infierno,
Neutro... morir.
No existe,
Nunca existió la materia para descifrar en ella
Nuestra frustración ansiada
La obligación de vivir
Los sentimientos inconclusos
Las holgadas vacilaciones
Porque el tiempo nunca regresó a despedirse
Y sólo derretir en la abstracción… un adiós.
Hoy,
¿Que día?
La catarsis mutilada
De morir sin haber hecho nada
La cronología de un vástago mundo
Deshoyado en nuestra existencia
El fin de la historia humana
Con el último pensamiento.
Repito como en el verso de mi otrora poesía
¡Mundo! ¡Mundo!
Infaltable Cronos
¡Infatigable e inmundo!
Reciclador de espíritus
Para ocultarte en las sombras
De astros novicios
Y nosotros vertiendo
Asentimentales, involuntarios
Miradas liquidas al precipicio.
El licuado gen del cielo desoye
Para demoler nuestra entraña virtud
El decir que día es hoy
Y que hora existe en curso de la historia
Al dejar el cuerpo inerte
Despedirte y encargar el mensaje:
Diles que los quiero
Y viajar como todos, hasta siempre,
Eterno Fin.
© Moshenga Cabanillas Pérez, 2007